Acebedo un año después. Todo ha cambiado
Después de un año de hospitales, y de rehabilitación, hemos vuelto a Acebedo a ver a Chuchi y Ester, de la casa rural Sol del Mediodia
Después hemos caminado, hecho una ruta en bici, pero lo principal, hemos celebrado todos juntos la casi recuperación de Roberto.
Estas fotos se las dedico a todos los que estuvisteis allí ese día y tuvisteis que pasar tan gordo trago, y especialmente a Chuchi que se ha portado con nosotros de lujo.
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Yo llegué el viernes ya de noche, y allí estaban Chuchi, Ester y los peques Jesús y David, me hicieron un recibimiento que les agradeceré de por vida, como si fuesemos amigos de hace muchos años. Me abrieron su casa y compartieron su comida conmigo. Por cierto, buenísima la chanfaina de setas.
Estuvimos de sobremesa y tertulia hasta las dos de la mañana cuando Chuchi tenia que trabajar a las 7. Luego todos a la cama a descansar para la larga y previsiblemente dura jornada del sábado.
El sábado amaneció un día algo revuelto con alguna nube y algo de viento. Ester me preparó un desayuno por su sitio, con tostadas de pan de hogaza riquísimas y un bizcocho casero hecho con huevos de casa que estaba para chuparse los dedos.
Después cogí la bici y me fui a hacer una ruta desde Liegos, pasando por la collada de Lois (os la recomiendo), contemplando unas vistas preciosas y relajantes. Después me desvié por otro camino forestal, el GR-1 AMPURIAS-FISTERRA, que lleva a Acebedo de vuelta, donde me reuní ya con mis compañeros de club.
Acudieron a mi llamada Jesus, Mario, Josemi y Susana, y ya por la tarde Juan Carlos y Gemma con Selene y Samuel. A eso de las cuatro nos juntamos con Chuchi que ya había vuelto de su trabajo, para subir a ver el despegue donde ocurrió el accidente hace ya un año.
Yo subía con una sensación rara en el estómago, mezcla de nervios y emociones contenidas. Al llegar arriba, lo primero que hice fue asomarme inmediatamente al cortado por el que caí. El primer pensamiento que me vino a la cabeza fue: “jo… no se como pude salir de este sitio con vida, lo más fácil hubiera sido haber quedado allí”. Sin embargo rápidamente cambié el pensamiento triste por uno mucho más optimista que le lancé a la ladera. “Preciosa, aun estoy aquí para contemplarte”.
Comentamos por largo rato los detalles del accidente y Chuchi me enseñaba todos los detalles de dónde había sido el rescate, dónde se posaron los helicópteros y todos los datos que recordaba. También sacamos unas cuantas fotos que están en la galería que os he dejado.
Luego nos tomamos una cerveza allí, celebrando que volvíamos a estar juntos en un momento mucho más grato que el que tuvimos que pasar justo hace un año.
A continuación bajamos al pueblo a merendar en los Acebales, bar del hermano de Chuchi que nos tenía allí unas ensaladas, tortillas, embutidos, etc, para ayudar a pasar el trago.
Después Chuchi nos encendió la chimenea de su casa rural y cambiamos para allí donde estuvimos de tertulia hasta bien entrada la noche.
Al día siguiente, domingo, nos levantamos para de nuevo saborear un magnífico desayuno que nos tenía preparado Ester. Planeamos una ruta mixta en bici, y caminando que sale del mismo pueblo de Acebedo y nos lleva al Circo Glaciar de los Mampodres, donde aun se puede contemplar la lengua glaciar finalizando en una pequeña laguna, donde no pudimos resistir meternos al agua helada del glaciar.
A la vuelta, tomamos algo juntos, nos despedimos de esta familia de Acebedo a la que nunca olvidaremos y a la que prometimos volver a visitar en cuanto podamos. Os recomendamos ir a su casa rural y a este valle, merece la pena de veras. Nunca he dormido tan bien como en este sitio.
Como despedida deciros que necesitaba volver al sitio donde casi pierdo la vida para no quedarme con la sensación de miedo y derrota que tenía. No pude tener mejores sensaciones y creo que he dado un paso de gigante en mi recuperación psicológica. El lugar no tiene la culpa del accidente, solo las personas somos responsables de nuestros actos por duro que nos resulte. Tenía una deuda interna conmigo mismo ya que esta montaña es preciosa y merece la pena visitarla, pero sobre todo respetarla.
Soy un hijo adoptivo de Acebedo, así me considero y como tal me han tratado Chuchi y Ester.
A mis compañeros de club, pedirles perdón por el mal rato que pasamos todos hace un año, y darles muchísimas gracias por ayudarme tanto durante este tiempo, y en este fin de semana por arroparme.
